“El Dios de todos es un Dios diferente para cada uno.”
Valencia, 1991. El obispo Alejo escucha a un joven sacerdote hablar de compromiso social con los pobres, y no puede evitar que su mente viaje cuatro décadas atrás.
Todo empezó en un pueblo perdido de la Valencia interior, donde un cura recién ordenado descubrió que la sotana no bastaba para calmar el hambre de su gente. Desde ahí, su camino lo llevó a los barrios obreros de Valencia y Barcelona, a las barricadas de París en el mayo del 68, a las fábricas alemanas donde miles de españoles emigraron buscando futuro, a las cárceles y los hospitales olvidados del sur de Italia, y a los pueblos costeros de Portugal donde la fe y el fraude se rozan peligrosamente.
En cada lugar, el mismo dilema: obedecer a la Iglesia o obedecer a su conciencia. Le llamaron cura rebelde. Le llamaron cura comunista. Él solo intentaba tomarse en serio aquello que predicaba.
El primer destino de un cura recién ordenado, y el lugar donde descubre que la fe también se ejerce con las manos.
Los barrios obreros del Cabañal y los muelles de Barcelona, entre huelgas y una Iglesia que empieza a mirar hacia la calle.
Las barricadas, la revuelta estudiantil y una sotana negra en medio del caos.
El otro lado de España: los barracones y las fábricas de la emigración.
Un hospital humilde, una comunidad de religiosas, y una confianza puesta a prueba.
Un secreto compartido en voz baja, entre la fe oficial y sus zonas de sombra.
El mismo patio de piedra donde todo empezó a recordarse. El círculo se cierra.
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